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domingo, 19 de enero de 2014

Gustar, querer, amar...



Y aquí está uno de mis problemas. Porque María me gustó, y mucho. Porque la quise con todo mi ser, pese a mis errores, como jamás había querido a nadie. Y porque la amé, y para mí amar es un "Por siempre", o algo más, un "Por siempre jamás".

Es extraño. Ya he pasado el duelo, su pérdida. Pero no sus recuerdos. Porque es muy difícil olvidar a alguien que es casi un reflejo tuyo. A alguien que aparece en tu mente con cada canción que escuchas, cada vez que te pones a leer, o haces o mejor dicho intentas hacer planes para un concierto o un festival. Esas son mis aficiones, y esas son las suyas. Somos tan parecidos... No sé como hacerlo la verdad. No sé como ha sido capaz de hacerlo ella, con tanta facilidad y tanto desprecio. Supongo que yo he tenido que hacer algo para que eso sea así, o quizás no y simplemente haya sido una decisión suya, pero no tengo una explicación, no me la ha querido dar.

Este problema va ligado a otro: mi forma de ser. Por todo lo que me ha tocado pasar en la vida, siempre he valorado mucho las cosas positivas, por muy pequeñas que fueran me agarraba a ellas como si fuera el final de los tiempos. Y ella en su momento me demostró mucho. Me ha hecho mucho daño, y se ha portado fatal al terminar; ha sido muy cruel y me ha tratado como si fuera basura. Lo mejor para mí es olvidarla, pero no soy capaz por lo que miento unas líneas atrás. Por muy mal que se haya portado, las cosas buenas siguen estando ahí, y hacen de barrera, de escudo, de protección a mis intentos de olvidarlo todo: lo bueno y lo malo. Sino, lo pasaré fatal en un bucle cuasi-eterno. Hasta ahora, varios meses después y con ayuda profesional no he sabido (ni obviamente podido) superarlo.

Se lo merece. El olvido, mi desapego, que no sienta nada por ella, que no la recuerde nunca... pero yo cuando digo un "por siempre jamás" lo hago con todas sus consecuencias y esto me está penalizando. A lo que hay que unirle mi nula inteligencia emocional para que sus malos actos borren y eclipsen totalmente a los buenos. 

Ahora mismo anímicamente me encuentro muy mal, porque estoy mejorando físicamente, lo que hace que vuelvan a salir a la palestra otros problemas que han estado tapados durante este casi un mes, porque lo he pasado muy mal, de hecho pensaba que me moría. Durante estos días mi cabeza se ha llenado de miedos, muchos de ellos sin sentido, pero es que me han pasado ya tantas cosas que estoy cansado de sufrir. Y hay algunos que me acechan, como la gastroscopia; no quiero hacérmela porque sé que voy a pasar un mal rato, pero me la haré por prevención, ¿pero y si sale algo malo?. ¿O en las radiografías o el TAC que me tienen que hacer?.

Siento que los cimientos de mi racionalidad emocional se derrumban. Es complicado de explicar, porque intervienen muchos factores, y no sé por donde "meterles mano". Soy tonto emocional, muy tonto.

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